
El estrés no está solo en tu mente: cómo los factores sociales influyen en tu bienestar
Durante décadas, el estrés se ha explicado principalmente como una reacción individual ante situaciones difíciles. Sin embargo, la investigación psicológica muestra que esta visión es incompleta. El estudio de Bonifacio Sandín demuestra que gran parte del estrés psicológico se origina en los factores sociales, es decir, en las demandas, cambios y presiones que surgen en la vida cotidiana y en los diferentes roles que desempeñamos.
Desde esta perspectiva, comprender el estrés no significa únicamente analizar cómo reacciona una persona, sino también entender el contexto relacional y social en el que vive.
Tres fuentes principales de estrés psicológico
La investigación identifica tres grandes tipos de situaciones que pueden generar estrés:
- Sucesos vitales estresantes
Son cambios importantes que obligan a la persona a adaptarse rápidamente. Algunos ejemplos incluyen:
- Separaciones o conflictos de pareja
- Cambios laborales
- Problemas económicos
- Enfermedades o pérdidas familiares
Este tipo de acontecimientos generan lo que se denomina estrés agudo, ya que requieren reajustes significativos en poco tiempo.
- Estrés crónico o estrés de rol
El estrés crónico aparece cuando las demandas se mantienen durante largos periodos. Puede surgir, por ejemplo, en situaciones como:
- Conflictos persistentes en la pareja
- Sobrecarga laboral
- Responsabilidades familiares prolongadas
- Problemas relacionales continuados
A diferencia de los sucesos vitales, este tipo de estrés actúa de forma silenciosa y acumulativa.
- Contrariedades cotidianas
No todos los factores estresantes son grandes eventos. Muchas veces el desgaste emocional procede de pequeñas fricciones diarias:
- discusiones repetidas
- dificultades de comunicación
- tensiones familiares
- problemas organizativos del día a día
Estas contrariedades cotidianas, aunque aparentemente menores, pueden tener un impacto significativo cuando se repiten constantemente.
Por qué el estrés es un fenómeno acumulativo
Una de las aportaciones más relevantes de este enfoque es que los distintos tipos de estresores no actúan de forma aislada.
Por ejemplo:
- un suceso vital puede desencadenar estrés crónico,
- y este, a su vez, aumenta la sensibilidad frente a las dificultades cotidianas.
El resultado es un proceso acumulativo que puede afectar tanto al bienestar psicológico como a la salud física.
El papel del apoyo social y las estrategias de afrontamiento
La investigación también muestra que el impacto del estrés depende en gran medida de los recursos de la persona. Entre los más importantes destacan:
- las estrategias de afrontamiento
- la regulación emocional
- el apoyo social
- la capacidad para reinterpretar los problemas
Cuando estos recursos se fortalecen, las personas pueden reducir significativamente el impacto de los factores estresantes.
Cómo aborda el estrés la Terapia Breve Estratégica
Desde el enfoque de la Terapia Breve Estratégica, el estrés no se entiende únicamente como un problema interno, sino como el resultado de patrones de interacción y soluciones intentadas que no funcionan.
En muchos casos, las personas intentan resolver sus dificultades mediante estrategias que, sin darse cuenta, mantienen o amplifican el problema. Por ejemplo:
- intentar evitar constantemente una situación estresante
- analizar excesivamente el problema
- intentar controlar emociones de forma rígida
La Terapia Breve Estratégica se centra en identificar estos patrones y modificar las dinámicas que mantienen el problema, produciendo cambios concretos en la forma en que la persona afronta las situaciones.
Tratamiento del estrés en el Centro Terapia Breve Sentirse Bien
En el Centro Terapia Breve Sentirse Bien trabajamos desde el modelo de Terapia Breve Estratégica, un enfoque terapéutico orientado a generar cambios eficaces en el menor tiempo posible.
El objetivo no es únicamente comprender el origen del estrés, sino intervenir sobre los mecanismos que lo mantienen en el presente, ayudando a la persona a recuperar el equilibrio emocional y relacional.
Mediante intervenciones estratégicas y técnicas específicas, se trabaja para:
- reducir la intensidad del estrés psicológico
- mejorar la gestión emocional
- modificar patrones de pensamiento y comportamiento que mantienen el problema
- fortalecer recursos personales y relacionales
Conclusión
El estrés no es solo una reacción individual, sino el resultado de la interacción entre factores sociales, demandas cotidianas y estrategias de afrontamiento. Comprender esta dinámica permite intervenir de forma más eficaz.
La Terapia Breve Estratégica ofrece herramientas prácticas para modificar los patrones que mantienen el malestar y recuperar una sensación de control sobre la propia vida.
Referencias:
Sandín, B. (2003). El estrés: un análisis basado en el papel de los factores sociales. International Journal of Clinical and Health Psychology, 3(1), 141–157. https://www.redalyc.org/pdf/337/33730109.pdf
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Todos sentimos lo que sentimos, los niños también
Hay algunos padres que tienen la creencia -en muchos casos, absoluta- que, si quieren mucho a su hijo y lo educan bien, ha de estar y sentirse siempre feliz. Permanentemente. Así las cosas, a la menor señal de una cierta tristeza, suena la alarma y enseguida pasan a la acción.
En lugar de escucharlo, le interrogan, no paran de animarle, de aconsejarle y de intentar que le pase -¡ya!- este malestar. Porque no hay ningún motivo -y si lo hay, ellos se lo resolverán- por el cual su hijo pueda sentirse triste o temeroso o preocupado o enfadado o lo que sea. No hay ninguna razón. Y es cierto. No hay ninguna razón racional.
Se olvidan, sin embargo, del conocido y sabio aforismo de Blaise Pascal: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. A pesar de todo, y desde su perspectiva lógico-híper protectora, el niño no puede sentirse así. Prohibido. Prohibido sentir lo que siente. Ah, y todo ello con la más buena y honorable de las intenciones…Claro que, como decía O. Wilde, “con las mejores intenciones a veces obtenemos los peores resultados”.
Imaginemos que nuestro hijo o hija llega de la escuela y, con cara compungida, nos empieza a enumerar los titulares de los grandes desastres del día. ¿Qué hacemos? ¿Dejamos que nos lo explique todo, nos ponemos un rato a su lado y lo escuchamos -¡hasta que termine!- con respetuoso y atento silencio?¿Actuamos así? Me temo que no. Pronto interrumpimos su relato y empezamos a intervenir. Pues cuando te digan eso, tú les dices…Y por qué te lo has dejado hacer… Ya le diré cuatro cosas a ese, ¡qué se ha creído!… Mañana mismo hablaré con la maestra… y más vale que no se entere tu padre, porque ya sabes cómo es… Deberías hacer esto, y esto otro… y ahora no llores… no deberías estar triste… Juega, distráete y no pienses más…Venga, vamos a comprar lo que tanto te gusta… Los valientes no lloran… En fin…
¿Cómo ayudar a un niño o niña en la gestión de sus emociones?
Pero en realidad ¿qué quería? ¿Qué necesitaba con más urgencia nuestro hijo en ese preciso momento? Muy poco. Necesitaba sólo alguien con quien compartir su indigesta carga emocional, necesitaba alguien que le ayudara a canalizar y serenar las aguas turbias de su mente. Y mientras tanto, los padres no hacían otra cosa que edificar muros de contención, muros que detuvieran al instante este goteo sentimental. Muros, sin embargo, que resultan absolutamente ineficaces e ineficientes, muros de cartón piedra, muros Port Aventura, muros que hacen subir aún más la fuerza y el nivel de las aguas… y que movilizan la gran riada de la incomprensión y de la soledad.
Esta situación es un buen ejemplo de cuando una pequeñez se transforma en un problema por culpa de una intervención innecesaria de los padres.
A menudo actuamos, nos precipitamos y, sin querer, empeoramos las cosas. La tristeza, como la alegría, la rabia, el placer, va y viene, porque forma parte de la condición humana. Y tenemos que entenderlo y aceptarlo así, con toda naturalidad. Si lo hubieran dejado un poco en paz, si nos hubiésemos limitado a hacerlo sentir acompañado, si al terminar de hablar le hubiésemos abrazado y le hubiésemos dicho cosas como: gracias por contármelo y confiar en mí. Te felicito por cómo lo estás llevando. Has sido muy valiente de explicármelo… la nube de la tristeza y del malestar, tal como ha venido, se hubiera ido. Poco a poco. Silenciosamente. Sin romper nada.
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Empatía: ¿Qué es?

Francesc Calahorro, especialista en problemas relacionales y de comunicación, nos habla sobre la empatía: ¿qué es?, ¿cómo podemos desarrollar empatía?, ¿por qué es tan importante?
Si deseas obtener más herramientas y recursos sobre la empatía, escríbenos a través de nuestro formulario de contacto (aquí), o reserva una cita informativa gratuita (aquí). Estamos en Barcelona, y ahora también en formato online. ¡Muy cerca tuyo!
¿Somos seres empáticos?
“Hay algo en las personas que solo ellas saben.”-Ben Harper.
Uno de los refranes más poderosos de nuestra literatura dice: “Cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, ponlas tuyas de remojar”. Este poderoso refrán encierra un significado de la empatía bastante profundo. Una poderosa verdad en sintonía, que reside en lo hondo de cada persona; los sentimientos y padecimientos de otro ser humano no pueden pasar inadvertidos ante nuestros ojos.
La habilidad de comprender y saber lo que siente el otro, es lo que propicia nuestro propio desarrollo y crecimiento. En nuestra sociedad actual, sin embargo, los comportamientos empáticos escasean en deterioro del egoísmo y la individualidad. La empatía se construye sobre la propia conciencia de lo que somos como colectivo y personalidad. Ante ello podemos preguntarnos: ¿Cuáles son las claves para desarrollar una empatía eficiente? ¿Cómo genero una forma de ser empática?
Requisitos para desarrollar empatía
El requisito previo para desarrollar una empatía eficiente es ser capaz de evaluar profundamente nuestras emociones y sentimientos, viendo cuáles son sus interrelaciones con el mundo, con los demás y con nosotros mismos.
Cuanto más abiertos estemos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar los sentimientos de los demás. Esto nos proporcionará la claridad mental y la fuerza necesaria para entender adecuadamente las emociones y las conductas que tutelan el comportamiento de los demás.
La mente racional se expresa a través de las palabras y razonamientos, las emociones, sin embargo, se expresan a través de expresiones faciales, posturas y tonos de voz. Aquí tenemos una de las claves para intuir los sentimientos del otro, en el lenguaje no-verbal. Esta singular habilidad de interpretar, interiorizar y detectar adecuadamente el significado implícito de la comunicación, nos ayudará a adelantarnos a los requerimientos y necesidades del otro. Sabremos cómo actuar y aportar la solución adecuada que logre sintonizar con el estado emocional de la otra persona.
¿Por qué es tan importante desarrollar la empatía?
Los seres humanos tenemos la habilidad innata de sentir y “ponernos en la piel” de otro, hasta de “calzarnos sus zapatos”, entre otras cosas, porque nos vemos reflejados en las vivencias de otras personas. A menudo las necesidades de otros, también son las nuestras.
La vida nos depara aprendizajes, experiencias, obstáculos, dichas y penas, y cada uno de nosotros sin excepción en mayor o menor medida pasa por cada una de ellas. Igual que son comunes en todas las personas las emociones de base como el miedo, el dolor, la rabia y el placer. Cuando tomamos consciencia de las emociones de los otros y las nuestras es cuando podemos entrar en una empatía de acción. La empatía tiene una estrecha relación con el amor y la compasión.
Está demostrado que las personas altamente empáticas, son personas más alegres, felices y sensibles. Y esto es así, porque la retroalimentación que se obtiene siendo empático va en consonancia con las virtudes que ésta lleva adheridas. Si nuestro patrón de conducta y comportamiento siempre tiene en cuenta las necesidades y el bienestar de los demás, nuestro patrón se verá fortalecido y ampliado, porque recibirás más de lo mismo. Tu siembra será tu cosecha, al igual que lo que reflejas en el exterior es un espejo de tu alma.
Debemos trabajar y fortalecer la empatía no solo con nuestro círculo más cercano, sino con todo aquel que necesite apoyo y ayuda. Nadie se merece quedar desatendido y desamparado ante sucesos que cualquiera de nosotros puede atender de manera efectiva, solidaria y compasiva. Los beneficios de esta práctica son innumerables tanto para el que los recibe como para el que los ejecuta. Brindemos nuestro máximo exponente y tacto emocional a todo aquel que lo necesite. Un mundo mejor es posible si todos desarrollamos esta magnífica virtud.
“Aprender a estar en la piel de otro, a ver a través de sus ojos, así es como comienza la paz. Y depende de ti hacer que ocurra.” -Barack Obama.
Francesc Calahorro, coach y terapeuta.
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