
El cambio comienza cuando dejas de luchar contra ti mismo.
El perfeccionismo, el miedo a equivocarse o el exceso de control pueden convertirse en el mayor obstáculo para el desarrollo personal. En este artículo descubrirás por qué muchas veces no necesitamos esforzarnos más, sino dejar de interferir con nuestras propias capacidades y cómo este enfoque puede ayudarte a recuperar la confianza y avanzar.
¿Por qué eres tú peor obstáculo? Hay personas con talento, formación, experiencia y recursos que, sin embargo, no consiguen alcanzar sus objetivos. Otras, con menos preparación, avanzan con naturalidad, aprenden de los errores y parecen desenvolverse con mayor facilidad ante los desafíos.
¿Qué marca la diferencia?
No siempre es la capacidad. En muchas ocasiones, el mayor obstáculo no está en el entorno, sino en la relación que mantenemos con nosotros mismos. Cuanto más intentamos controlar cada pensamiento, cada emoción o cada movimiento, más difícil resulta actuar con espontaneidad y eficacia.
Esta idea, ampliamente desarrollada por Timothy Gallwey (1974), en sus trabajos sobre el aprendizaje y el rendimiento, coincide con uno de los principios fundamentales con los que trabajamos en el Centro Terapia Breve Sentirse Bien: muchas veces el problema no es aquello que nos ocurre, sino la forma en que intentamos solucionarlo.
El exceso de control: cuando intentar hacerlo bien produce el efecto contrario.
Nuestra cultura nos ha enseñado que, para mejorar, debemos esforzarnos más, analizar más y controlar más.
Sin embargo, cualquiera que haya practicado un deporte, hablado en público o realizado una entrevista de trabajo sabe que existe un momento en el que pensar demasiado comienza a jugar en nuestra contra.
Es entonces cuando aparecen pensamientos como:
• “No puedo fallar.”
• “Tengo que hacerlo perfecto.”
• “¿Y si me equivoco?”
• “Seguro que los demás lo hacen mejor.”
Lejos de ayudarnos, este diálogo interno consume recursos cognitivos, incrementa la tensión física y reduce nuestra capacidad de adaptación.
Paradójicamente, cuanto más intentamos controlar nuestro comportamiento, menos natural resulta.
Tu peor rival vive en tu cabeza.
Uno de los grandes aciertos de Gallwey fue diferenciar dos formas de funcionamiento mental.
Por un lado, existe una parte analítica que juzga constantemente, compara, critica y pretende controlar absolutamente todo.
Por otro, encontramos un sistema mucho más automático, intuitivo y eficaz, responsable de gran parte de nuestros aprendizajes y habilidades.
Pensemos en algo tan sencillo como montar en bicicleta.
Nadie aprende leyendo un manual sobre equilibrio. Se aprende practicando, cayéndose, corrigiendo y repitiendo.
Lo mismo ocurre con la mayoría de las habilidades humanas.
Sin embargo, cuando aparece el miedo al error, dejamos de confiar en nuestros recursos y comenzamos a supervisar cada movimiento de forma consciente.
Ese exceso de supervisión termina interfiriendo precisamente en aquello que queremos hacer bien.
El enemigo invisible: el juicio constante.
Existe otro factor que limita enormemente nuestro desarrollo: el juicio permanente.
Vivimos evaluándonos continuamente.
• ¿Lo he hecho bien?
• ¿Qué pensarán de mí?
• Debería haber actuado de otra manera.
• Nunca hago nada correctamente.
Este diálogo interno genera una presión constante que impide aprender con naturalidad.
Curiosamente, las personas que mejor progresan no son necesariamente las más exigentes consigo mismas, sino aquellas capaces de observar sus errores sin convertirlos en un juicio sobre su identidad.
Un error no define quién eres.
Simplemente ofrece información para mejorar.
Cuando la búsqueda de la perfección se convierte en una prisión.
La perfección resulta muy seductora.
Parece ofrecernos seguridad.
Si todo sale perfecto, no habrá críticas, rechazo ni fracaso.
Pero ocurre exactamente lo contrario.
La búsqueda obsesiva de la perfección suele producir:
• procrastinación;
• bloqueo;
• miedo a decidir;
• ansiedad;
• pérdida de creatividad;
• agotamiento emocional.
En consulta observamos con frecuencia cómo personas extraordinariamente competentes quedan atrapadas intentando hacer las cosas tan bien que terminan sin hacerlas.
No fracasan por falta de capacidad. Fracasan por exceso de control.
La paradoja del cambio
Existe una paradoja especialmente interesante.
Cuanto más intentamos dejar de sentir ansiedad, más ansiedad experimentamos.
Cuanto más queremos dejar de pensar, más pensamientos aparecen.
Cuanto más intentamos dormir, más despiertos permanecemos.
Este fenómeno ha sido ampliamente descrito tanto en psicología como en la Terapia Breve Estratégica.
Muchas soluciones aparentemente lógicas terminan alimentando el problema.
Intentar controlar constantemente nuestras emociones suele convertirlas en protagonistas.
Aprender desde la experiencia y no desde la crítica.
Uno de los aspectos más innovadores del enfoque de Gallwey consiste en sustituir el juicio por la observación.
No es lo mismo decir:
“Soy un desastre hablando en público.”
que decir:
“Hoy he hablado demasiado deprisa durante los primeros cinco minutos.”
La diferencia parece pequeña, pero psicológicamente es enorme.
El primer comentario ataca la identidad.
El segundo describe un comportamiento concreto que puede modificarse.
Este tipo de observación favorece el aprendizaje sin generar culpa.
Qué aporta la Terapia Breve Estratégica.
En el Centro Terapia Breve Sentirse Bien compartimos una idea fundamental: comprender un problema no siempre basta para resolverlo.
Muchas personas saben perfectamente por qué sienten ansiedad, por qué procrastinan o por qué tienen miedo a equivocarse.
Sin embargo, continúan haciendo exactamente aquello que mantiene el problema.
La Terapia Breve Estratégica centra su intervención precisamente en identificar esas dinámicas repetitivas.
Nos preguntamos:
• ¿Qué hace la persona para intentar resolver el problema?
• ¿Por qué esas estrategias no funcionan?
• ¿Qué ocurriría si actuara de forma diferente?
En numerosas ocasiones descubrimos que las llamadas soluciones intentadas son el auténtico combustible del malestar.
Dejar de luchar para empezar a cambiar.
Existe una idea profundamente contraintuitiva.
El cambio no siempre comienza haciendo más.
A veces comienza dejando de hacer aquello que mantiene el problema.
Dejar de intentar controlar cada pensamiento.
Dejar de buscar la decisión perfecta.
Dejar de anticipar constantemente el peor escenario.
Dejar de exigirse un rendimiento imposible.
Cuando reducimos la interferencia, nuestras capacidades naturales vuelven a aparecer.
No porque hayamos aprendido algo nuevo, sino porque hemos dejado de obstaculizarlas.
Confianza no significa ausencia de miedo.
Muchas personas esperan sentirse seguras antes de actuar.
Pero la experiencia demuestra que ocurre justo al revés.
Primero actuamos.
Después aparece la confianza.
La confianza no es el punto de partida.
Es la consecuencia de haber acumulado experiencias satisfactorias afrontando situaciones difíciles.
Esperar a no sentir miedo para empezar es una estrategia condenada al fracaso.
Cómo trabajamos este proceso en el Centro Terapia Breve Sentirse Bien.
Nuestro trabajo consiste en ayudar a las personas a recuperar aquello que el exceso de control ha ido limitando.
No buscamos aumentar la fuerza de voluntad.
Buscamos disminuir las interferencias.
Para ello intervenimos sobre problemas como:
• ansiedad;
• miedo a equivocarse;
• procrastinación;
• bloqueo personal;
• baja autoestima;
• perfeccionismo;
• miedo a decidir;
• inseguridad.
Cada proceso terapéutico se adapta a la lógica específica del problema, utilizando herramientas de la Terapia Breve Estratégica para favorecer cambios concretos desde las primeras sesiones.
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Conclusión
La mayor parte de las personas no necesita aprender mucho más para cambiar.
Necesita dejar de interferir constantemente con sus propios recursos.
Cuando abandonamos la lucha permanente contra nosotros mismos, dejamos espacio para que aparezcan capacidades que siempre habían estado ahí.
El verdadero crecimiento personal no consiste en controlar cada aspecto de nuestra vida, sino en aprender cuándo debemos intervenir… y cuándo es mejor dejar que nuestras capacidades hagan su trabajo.
En el Centro Terapia Breve Sentirse Bien ayudamos a personas que sienten que llevan años luchando contra sí mismas sin conseguir el cambio que desean.
Si te has reconocido en este artículo, quizá haya llegado el momento de dejar de esforzarte más y empezar a hacer las cosas de otra manera.
Solicita una primera consulta y descubre cómo podemos ayudarte.
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Referencia
Gallwey, W. T. (1974). The Inner Game of Tennis. Random House.
Stoeber, J., & Otto, K. (2006). Positive conceptions of perfectionism: Approaches, evidence, challenges. Personality and Social Psychology Review, 10(4), 295-319.
Beck, A. T. (1976). Cognitive Therapy and the Emotional Disorders. International Universities Press.
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Ataque de pánico: por qué tu cuerpo colapsa cuando intentas mantener el control
El llamado ataque de pánico se ha convertido en uno de los problemas más frecuentes en consulta psicológica. Quien lo vive suele describir una sensación intensa de muerte inminente acompañada de síntomas físicos como taquicardia, dificultad para respirar, mareo o pérdida de control.
Sin embargo, uno de los aspectos más desconcertantes para muchas personas es que las crisis parecen aparecer “de la nada”.
Diversos estudios sobre trastornos de ansiedad cuestionan precisamente esta idea. Lejos de surgir sin explicación, las crisis de pánico suelen relacionarse con situaciones de tensión emocional, pérdida, inseguridad o experiencias de desbordamiento psicológico que la persona no logra identificar conscientemente (Pelissolo, 2019).
El ataque de pánico no es solo ansiedad
Cuando aparece una crisis, el cuerpo entra en un estado de alarma extrema. Entre los síntomas más habituales encontramos:
• palpitaciones
• sensación de ahogo
• opresión en el pecho
• sudoración
• temblor
• mareo
• miedo a morir
• sensación de perder el control
Aunque muchas personas piensan inicialmente que están sufriendo un problema físico grave, las pruebas médicas suelen descartar causas orgánicas.
El problema entonces no es únicamente la activación fisiológica, sino la interpretación que la persona hace de esa activación.
El verdadero problema: el miedo al propio miedo
Después de una primera crisis, muchas personas desarrollan un fenómeno muy característico: el miedo a que vuelva a ocurrir.
A partir de ahí comienzan conductas como:
• vigilar constantemente el cuerpo
• evitar ciertos lugares
• salir siempre acompañado
• escapar rápidamente de situaciones incómodas
• controlar obsesivamente las sensaciones físicas
Paradójicamente, estos intentos de control aumentan todavía más la sensibilidad al miedo y mantienen el problema activo.
Cuanto más intenta la persona evitar el ataque de pánico, más pendiente vive de él.
Cuando el cuerpo expresa lo que no puede expresarse de otra manera
Las investigaciones actuales sobre ansiedad y pánico muestran que muchas crisis aparecen vinculadas a situaciones de pérdida, separación, inseguridad o cambios vitales importantes.
No siempre se trata de acontecimientos dramáticos. En ocasiones basta con:
• una ruptura afectiva
• un conflicto relacional
• presión laboral sostenida
• sensación de fracaso
• miedo a perder seguridad o control
El cuerpo termina reaccionando como si estuviera ante una amenaza real, aunque externamente no exista un peligro inmediato.
Por qué algunas personas desarrollan ataques de pánico
No todas las personas reaccionan igual ante el estrés o la incertidumbre. Existen factores que pueden aumentar la vulnerabilidad:
• elevada autoexigencia
• necesidad de control
• dificultad para expresar emociones
• tendencia a anticipar peligros
• sensibilidad elevada a las sensaciones corporales
En muchos casos, las personas que sufren crisis de ansiedad son precisamente aquellas acostumbradas a intentar mantener todo bajo control.
El problema aparece cuando ese sistema deja de funcionar.
Cómo trabajamos el ataque de pánico en el Centro Terapia Breve Sentirse Bien
En el Centro Terapia Breve Sentirse Bien entendemos el ataque de pánico no como una simple “explosión de ansiedad”, sino como un problema que se mantiene por los intentos fallidos de controlarlo.
Por eso, nuestro enfoque terapéutico se centra en:
• comprender cómo funciona el problema en el presente
• identificar las dinámicas que mantienen el miedo
• reducir la evitación y la hipervigilancia corporal
• ayudar a recuperar sensación de control y autonomía
El objetivo no es eliminar completamente la ansiedad —algo imposible y poco saludable—, sino romper el círculo que transforma la ansiedad en pánico.
Recuperar la sensación de seguridad
Muchas personas llegan a pensar que nunca volverán a sentirse normales. Sin embargo, el trastorno de pánico puede tratarse eficazmente cuando se comprende cómo funciona.
El cambio suele comenzar cuando la persona deja de luchar constantemente contra las sensaciones y empieza a modificar las estrategias que mantienen el problema.
Recuperar la libertad no implica dejar de sentir ansiedad, sino dejar de vivir condicionado por ella.
Desde nuestra perspectiva
El ataque de pánico no aparece realmente “sin motivo”. Detrás de las crisis existen dinámicas emocionales, relacionales y psicológicas que pueden comprenderse y abordarse terapéuticamente.
En muchos casos, el problema deja de ser la ansiedad inicial y pasa a ser el sistema de miedo, control y evitación construido alrededor de ella.
En el Centro Terapia Breve Sentirse Bien, trabajamos para ayudar a las personas a romper ese círculo y recuperar una vida con mayor tranquilidad y autonomía.
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Referencia
Pelissolo, A. (2019). Trastornos de ansiedad y fóbicos. EMC-Tratado de medicina, 23(2), 1-8.

¿Y si el problema no es decidir, sino cómo intentas hacerlo?
Tomar decisiones debería ser un proceso natural. Sin embargo, cada vez más personas experimentan bloqueo en la toma de decisiones, acompañado de ansiedad, duda constante y una sensación de incapacidad para elegir.
Este fenómeno no se explica únicamente por la conocida paradoja de la elección, sino también por algo más profundo: el miedo a decidir y las estrategias que utilizamos para intentar evitarlo.
Desde la Terapia Breve y el Coaching Estratégico, el foco no está en por qué dudas, sino en qué haces cuando dudas.
Cuando pensar demasiado te aleja de decidir
Uno de los errores más frecuentes es asumir que decidir bien implica pensar más. En la práctica, ocurre lo contrario: el exceso de análisis genera sobrepensamiento y alimenta la indecisión.
La persona entra en un bucle donde:
- analiza todas las opciones
- anticipa posibles errores
- intenta encontrar la decisión perfecta
El resultado es un aumento de la ansiedad por decidir y una reducción progresiva de la capacidad de elección.
Este proceso no resuelve la decisión, la complica.
El verdadero problema: evitar equivocarse
En muchos casos, el núcleo del problema no es la decisión en sí, sino el miedo a equivocarse.
Este miedo lleva a intentar eliminar cualquier margen de error antes de actuar. Sin embargo, esta estrategia genera un efecto paradójico: cuanto más se intenta asegurar la decisión, más difícil resulta tomarla.
Aparecen entonces conductas como:
- posponer decisiones importantes
- pedir constantemente opinión a otros
- revisar una y otra vez la misma información
- cambiar de opción sin llegar a concretar
Estas conductas no reducen la incertidumbre, la amplifican.
La trampa de la seguridad: querer decidir sin riesgo
Muchas personas buscan una decisión sin consecuencias negativas. Pero esta expectativa es irreal: toda decisión implica renuncia, incertidumbre y posibilidad de error.
Desde un enfoque estratégico, intentar decidir sin riesgo es una de las principales soluciones intentadas que mantienen el problema.
Es decir, el intento de evitar el error se convierte en el propio error.
La paradoja: cuanto más evitas decidir, más difícil se vuelve
La evitación es una estrategia comprensible, pero ineficaz. No decidir genera alivio inmediato, pero refuerza el problema a medio plazo.
Esto ocurre porque:
- reduce la confianza en la propia capacidad
- aumenta la dependencia de otros
- incrementa la sensibilidad ante futuras decisiones
De este modo, la indecisión se cronifica y se extiende a diferentes áreas de la vida.
Cómo intervenimos desde el Centro Terapia Breve Sentirse Bien
En el Centro Terapia Breve Sentirse Bien aborda el problema desde una lógica diferente: no se trata de analizar más, sino de modificar lo que mantiene el bloqueo.
En el trabajo terapéutico se interviene sobre:
- el patrón de sobrepensamiento
- la evitación de la decisión
- la necesidad de control absoluto
- el miedo al error
El objetivo es romper el ciclo que mantiene la ansiedad por decidir, facilitando experiencias correctoras que devuelvan a la persona la sensación de control.
Decidir no es tener certeza, es avanzar
Una idea clave es redefinir qué significa decidir. No se trata de elegir la mejor opción posible, sino de poder elegir sin quedar paralizado.
Decidir implica:
- aceptar la incertidumbre
- asumir la posibilidad de error
- actuar con información suficiente, no perfecta
Desde esta perspectiva, la acción no es el resultado de la seguridad, sino la vía para construirla.
El bloqueo en la toma de decisiones no se debe a una falta de capacidad, sino a estrategias que, aunque bien intencionadas, mantienen el problema: pensar demasiado, evitar el error y buscar certezas imposibles.
Integrando la paradoja de la elección y el miedo a decidir, se comprende que el cambio no pasa por analizar más, sino por actuar de forma diferente.
Desde el Centro Terapia Breve Sentirse Bien ofrecemos un enfoque eficaz para romper estos patrones y recuperar la capacidad de decidir con mayor libertad y funcionalidad.
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Miedo a conducir: cómo superarlo
En este post Miguel Herrador, terapeuta y coach, nos habla sobre cómo superar el miedo a conducir.
Recuerda que si este problema te aqueja, puedes iniciar una terapia para superar el miedo a conducir. Escríbenos a través de nuestro formulario de contacto (aquí), o reserva una cita informativa gratuita (aquí).
El miedo a conducir: ¿Cómo superarlo?
Cada día miles de personas conducen padeciendo miedo, con las limitaciones que ello conlleva. Otras evitan conducir teniendo el carnet porque el miedo patológico les impide hacerlo. Además, las hay que por sus temores están renunciando a conducir y ni siquiera piensan en obtener el permiso de conducción.
Todas estas personas, tanto las que conducen como las que no lo hacen por el miedo y la ansiedad, pueden aprender algunas pautas y estrategias que sin duda les serán de gran utilidad y ayuda para superar el miedo a conducir.
Estrategias para conducir sin miedo:
A continuación te comparto cinco estrategias que puedes aplicar para superar el miedo a conducir:
Ante la duda de evitar el miedo a conducir o afrontarlo, siempre afrontarlo.
Lo paradójico del miedo es que cuanto más se evita, más nos daña. Un miedo evitado siempre se convierte en un miedo más grande. Si tienes miedo al volante evita evitarlo y te fortalecerás, hasta el punto de superarlo. En efecto, el miedo que se afrontase transforma en valentía.
Si tienes el carnet y no conduces por miedo, empieza con pasos muy pequeños.
Puedes empezar por subir al coche y ponerlo únicamente en marcha. Unos días más tarde, haz 5 metros hacia adelante y otros 5 hacia atrás. El paso siguiente puede ser 50 metros hacia adelante y 50 marcha atrás. Y así ir progresando poco a poco, hasta dar una vuelta a la manzana. Cuando te des cuenta habrás avanzado mucho sin presión. Es importante que aprendas a poner gasolina y a aparcar, aunque te cueste y pienses que quedarás fatal si te miran.
La ayuda que te empeora el miedo a conducir.
Con el miedo a conducir, cualquier tipo de ayuda que te brinden, es una ayuda que sin duda te agravará el problema. El miedo solo podrás superarlo en primera persona. De hecho, todos sabemos que depender de algo o de alguien genera muchas dificultades adicionales y mucho sufrimiento. Ten presente y procura pensar, que cada vez que te ayudan te estás incapacitando, con lo que tu miedo aumentará con toda seguridad.
La pauta de la peor fantasía del miedo a conducir.
Es la mejor tarea que conocemos en la actualidad para afrontar el miedo y el pánico. Es un legado de la filosofía estoica y tiene miles de años. La tarea consiste en dedicar 20 minutos todos los días a pensaren lo peor que nos podría ocurrir conduciendo. El resultado nos sorprenderá, pues hacer esto nos obliga a enfrentarnos a nuestro miedo donde se origina: en nuestra imaginación. Todas las corrientes psicológicas más avanzadas del mundo utilizan esta técnica.
Maniobras de dedistracción cuando conduzcas y sientas miedo.
Esta pauta consiste en centrar tu atención en lo exterior e inmediato a ti mismo para canalizar el miedo. Por ejemplo: mirar el cuentakilómetros y procurar ir a una velocidad impar, contar matrículas de otros automóviles, cantar, mantener una conversación con alguien imaginario, etc.
Espero que este post sobre cómo superar el miedo a conducir te ayude en tu proceso. Recuerda que si este problema te aqueja, puedes iniciar una terapia para superar el miedo a conducir. Escríbenos a través de nuestro formulario de contacto (aquí), o reserva una cita informativa gratuita (aquí).
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Gestión emocional en transición de carrera laboral
Afrontar un cambio profesional implica aprender a gestionar emociones como la rabia y el miedo, y aprender a convivir con la incertidumbre. En este post hablamos de ocho claves para afrontar este proceso, que podéis aplicar en vuestra vida o bien compartir con personas que lo necesiten.
Si estás en proceso de cambio, recuerda que en nuestro centro de Barcelona puedes solicitar sesiones individuales para ayudarte en la transición, o realizar terapia online.
Además, si te dedicas a la terapia, te invitamos a conocer nuestro programa de formación para terapeutas en terapia breve y coaching estratégico. Contáctanos en cualquier caso para más información: clic aquí
¿Cómo afrontar un cambio laboral profesional con inteligencia emocional?
Es probable que hayáis leído en varias ocasiones como es el proceso de afrontar un cambio profesional, las fases del cambio, el duelo (si hablamos de una pérdida de trabajo) la aceptación, la oportunidad que esto significa, el desarrollar la marca personal.
No obstante, si sois aquellos profesionales, que lleváis ya un tiempo en todo esto os empezará a ser un poco repetitivo y quizás hasta poco empático.
En el plano personal y social recibiréis las continuas preguntas de familiares, amigos, conocidos, vecinos, etc. con aquello de ¿“tienes alguna novedad…?” Mientras que en el ámbito más profesional veréis que la agenda os desborda entre actividades de networking y formación.
Realmente no es fácil, desde mi experiencia profesional considero que se trata de aceptar algo que ha cambiado, e ir a por nuevas realidades.
El darle un sentido a esta transición, sea la formación o la dedicación a otras actividades te aportará estructura y estabilidad personal.
Elementos claves de la gestión emocional en épocas de transición laboral
En cualquier caso, para gestionar esta etapa de transición laboral o cambio de trabajo hay que estar fuertes y como la mujer del césar además aparentarlo.
Aquí tenéis ocho recomendaciones desde el enfoque de la gestión emocional en el trabajo que podéis aplicar o recomendar a personas que están en este proceso:
- Canalizar la rabia es clave en la gestión emocional: Para ello escribe sobre todo aquello que te ha pasado sin censura, en forma de diario, una vez escrito, no lo releas, destrúyelo o simplemente guárdalo. Puesta por escrito, se canaliza y se transforma en proactividad y tenacidad para afrontar los obstáculos.
- Otra clave de la gestión emocional en la transición laboral es mantener a raya las dudas y la culpa, ya que no podemos evitar que vengan. Para esto te recomendamos bloquear las respuestas, por ejemplo elige dudar de las dudas. Para gestionar la culpa te recomendamos leer nuestro artículo sobre la culpa.
- Es importante en la transición laboral permitirse diversificar. Esfuérzate por enriquecer la vida de la demás y de paso la tuya también.
- Afronta cada día pequeños retos y ante la duda de evitar el miedo siempre afróntalo. Si es un miedo invalidante, trabájalo previamente con la peor fantasía, y pregúntate cómo sería peor. Asumir los retos en vez de evitarlos tiene un poder enorme para aumentar nuestra autoestima a corto y a largo plazo.
- Acéptate, ¿En qué luces y en qué no? Es un buen momento de reflexión sobre lo que ha ocurrido. ¿Hay un patrón común atribuible a mi conducta? ¿Mis soluciones intentadas funcionan o no?
- Otra recomendación es que identifiques tus creencias limitantes y empieza a actuar como si estas características, habilidades que te describen y te limitan en alguna manera, fueran un poquito más óptimas, piensa, como te comportarías y qué harías de diferente y sobre todo ¡hazlo!
- Para la transición laboral es importante también aprender a gestionar la incertidumbre, esto puede pasar más veces, no tenemos el control, si la responsabilidad sobre cómo vamos a gestionar nuestra carrera profesional.
- Y finalmente: Aprovecha el momento de humildad, si aceptamos prescribirnos nuestras debilidades nos sentiremos más fuertes, generaremos empatía hacia nosotros y los demás nos verán muy fuertes al tener el valor demostrar nuestra vulnerabilidad.
Esperamos que estas recomendaciones sobre gestión emocional en épocas de transición laboral te sean nutricias en tu proceso de cambio.
Recuerda que en nuestro Centro de Barcelona ofrecemos terapia individual, presencial o en terapia online, como formación para terapeutas en terapia breve y coaching estratégico. Contáctanos para más información: clic aquí
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Miedo a volar: Aprender a volar tranquilos
En este post Miguel Herrador, terapeuta y coach, nos habla sobre el mejor tratamiento para superar el miedo a volar desde el enfoque de la terapia breve.
Recuerda que si deseas aprender a ayudar a otras personas a tratar el miedo a volar puedes formarte con nosotros en nuestra Formación en terapia breve y coaching estratégico.
Y si éste u otro problema te aqueja, puedes iniciar una terapia para el miedo a volar. Escríbenos a través de nuestro formulario de contacto (aquí), o reserva una cita informativa gratuita (aquí).
“Pero dónde está el peligro, está también la curación”.
Frederick Hölderlin
El miedo a volar y los accidentes aéreos
Las tragedias aéreas, casi con toda probabilidad, son de las cosas que más pueden asustar a alguien que sufre de miedo a volar, sea en su versión fóbica (miedo a morir porque el avión se estrelle), sea en su variante más obsesiva (miedo al miedo o miedo a no tener el control; es decir, a no poder salir del avión en caso de sentirnos mal).
El miedo a volar está relacionado con el miedo a las catástrofes aéreas. Te contaré a continuación las que más me han marcado a mi…. El vuelo 4590 de Air France en el mes de Julio del año 2000 no solo acabó en tragedia, sino que supuso el fin del Concorde, el único avión supersónico comercial. Un incendio supuso la muerte en el acto de todos sus ocupantes cuando la nave se estrelló poco después de despegar. Las imágenes me dejaron traumatizado un tiempo durante el cual no quise volar a ningún sitio, ya que mi miedo a volar iba en aumento.
Los atentados de las torres gemelas fueron una pesadilla para las personas con miedo a volar, de lo más traumático para los que fuimos espectadores. Los ataques se llevaron a cabo con aviones comerciales secuestrados para ser utilizados como gigantescas bombas dirigidas por terroristas de Al-Kaeda. Dichos atentados llevaron aparejados el hundimiento de las dos torres y provocaron miles de víctimas. Todos los ocupantes de los aviones perecieron al instante. Además, todo el gran despliegue mediático utilizado para cubrir un evento tan trágico como inesperado, sirvió para traumatizar a una cantidad inusitada de personas que siguieron las noticias a través de los medios informativos. En aquellos años, después de los atentados, ver a alguien con aspecto árabe en una aeronave estuvo provocando mucha desconfianza y pavor durante mucho tiempo.
El accidente del 20 de agosto del 2008 en el avión de Spanair, en el aeropuerto de Barajas en Madrid, también tuvo una gran repercusión mediática al mismo tiempo que traumática para muchas personas, incluso para aquellas que no tenían miedo a volar. Murieron 154 personas. Por lo visto el accidente se debió a un error técnico en la configuración del despegue, concretamente en las piezas de las alas (flats). ¿Cómo volar tranquilos si no nos podemos fiar de los constructores de las aeronaves ni de los que las mantienen en estado operativo y funcional?
Pero la cosa no acaba aquí. El 24 de Marzo del año 2015 el vuelo 9525 de Germanwings se estrelló en los Alpes franceses. Murieron 144 pasajeros, 4 miembros de la tripulación y dos pilotos. Esta vez no fue por causas técnicas, sino porque uno de los pilotos lo estrelló deliberadamente. Después se supo que se trataba de una persona con trastornos mentales graves a la cual no se le había prestado la debida atención. Tras este suceso ya no nos podíamos fiar ni de la tripulación. Este suceso también tuvo un gran soporte mediático y supuso un evento traumático para personas con miedo a volar.
Vencer el miedo a volar desde la raíz. ¿Cuál es el mejor tratamiento?
Como podemos observar no hay nada que venza y haga sufrir a más personas que el miedo. Ni los genios se pueden librar de pasarse de rosca a la hora de enfrentarse a la incertidumbre y al pánico.
Para vencer el miedo a volar tienes que tener en cuenta que buscar la confianza, a través de la razón, tratando de encontrar cosas que nos quiten la incertidumbre, paradójicamente la aumentan. Pensar y pensar no nos quitará el miedo. Por ejemplo, defenderse del miedo a volar haciendo cálculos matemáticos parece lógico pero en realidad no lo es como lo demuestra la siguiente historia.
Hace unos 20 años tuve la suerte de tener alojado en mi casa a Gideon E. Schwarz, un profesor de matemáticas en la universidad de Tel Aviv y un excelente terapeuta gestáltico colaborador habitual de Claudio Naranjo. En una de aquellas noches me contó una sorprendente y divertida historia que utilizaba en sus clases de cálculo de probabilidades.
Dicha historia relata los avatares de un profesor de matemáticas especialista en estadística que tenía que viajar frecuentemente en avión para dar conferencias. Ante los numerosos avisos de bomba con los que se encontró, para calmarse, decidió calcular la probabilidad de que hubiera una bomba en un avión. Cuando vio que era muy pequeña se tranquilizó, pero solo a medias. Por ello, porque no se quedaba del todo tranquilo, decidió calcular la posibilidad de que hubiera dos bombas en el mismo vuelo, descubriendo que el resultado era infinitesimal. Nuestro hombre decidió, a partir de aquel instante, que siempre llevaría consigo una bomba en su maleta cada vez que tuviera que viajar en avión. Si él ya llevaba una, sería muy difícil que alguien llevase otra en el mismo vuelo…
Una de las conclusiones más importantes a la que podemos llegar es a la de no viajar con este individuo, si sabemos que lo hará con nosotros, puesto que es un peligro. Usando su inteligencia, para vencer el miedo a volar y liberarse de sus ansiedades y temores, se ha convertido en alguien que se comporta como un terrorista, aunque sus intenciones sean diametralmente opuestas. Otra conclusión, también posible si viajásemos con él en calidad de pareja o amigo, podría ser la de acabar en prisión siendo juzgados por ir con un loco.
¿Qué podemos hacer para superar el miedo a volar definitivamente?
Sin embargo, más allá de esta broma intelectual, ¿qué podemos hacer para poder sobrellevar ese miedo tan terrible y para que esas imágenes traumáticas nos dejen tranquilos? ¿Qué remedios existen para que a pesar de los accidentes podamos volar con tranquilidad y confianza?
El mejor tratamiento para superar el miedo a volar pasa por dejar tranquila a la incertidumbre, es una de las grandes cosas que he aprendido en mi vida. En efecto, el poder del ahora se basa en esta premisa, en dejar tranquilo el futuro. Cuando no lo hacemos, la incertidumbre nos suele golpear donde más nos duele. La seguridad completa no existe en la naturaleza, por eso es muy útil aclarar que la expectativa de que los aviones sean totalmente seguros es imposible.
Otro factor importante del mejor tratamiento para superar el miedo a volar es confiar en las medidas de seguridad. Todos los aviones tienen sistemas altamente probados para superar problemas de todo tipo y fallos inesperados. Sirva como ejemplo que todos los aviones tienen el doble de potencia de la que necesitan para volar. En caso de que falle un motor siempre queda otro.
El personal, tanto de mantenimiento como de vuelo, está altamente adiestrado y cualificado. Un piloto tiene que pasar duros entrenamientos y numerosos exámenes para poder hacerse con los mandos de una aeronave.
Todo aquel miedo que evitamos se acaba convirtiendo desgraciadamente en pánico. Es tan pernicioso evitar el miedo que al hacerlo lo convertimos en algo patológico. Por el contrario, cuando afrontamos lo que nos asusta nos volvemos valientes. Dicho de otro modo, necesitamos al miedo para desarrollar en nosotros la valentía. No hay otra forma.
“La meditación de todos los males” es una técnica proveniente de a filosofía estoica que también funciona como tratamiento para superar el miedo a volar. Consiste en imaginarnos voluntariamente todos los días aquellas cosas que pueden ir mal en relación con nuestro vuelo. Es asombroso el poder terapéutico de este ejercicio que hoy se utiliza en todo el mundo con grandes resultados.
Para enfrentarnos a las imágenes y a los recuerdos traumáticos disponemos de una técnica magnífica: “novelar el trauma”. Y consiste en escribir todos los días aquellos recuerdos que no queremos hacer conscientes o que nos dañan al recordarlos. En muy poco tiempo los hechos traumáticos se quedarán consignados en un papel y no tendremos que sufrirlos.
De modo que nos no queda otra que elegir la confianza cada vez que decidamos hacer un viaje en avión. Confiar… bonita palabra y valiente acción…
Miguel Herrador
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Reflexión sobre el miedo al abandono

Todos podemos sentir miedo al abandono a pesar de no haberlo sufrido. En ocasiones podemos poner en marcha acciones erróneas pretendiendo prevenir ese futuro temido… pero conseguir exactamente lo contrario. ¿Por qué sucede y qué estrategias se pueden implementar para superar este miedo tan común?
Te invitamos a leer estas reflexiones sobre cómo superar el miedo al abandono, por Miguel Herrador
Recuerda que, si éste u otros miedos te aquejan, puedes solicitar una cita informativa gratuita con un terapeuta de nuestro equipo. Haz clic aquí para reservar.
Cuando sientes miedo al abandono
En los tiempos en los que estamos, se da la paradoja de que cuanto más juntos vivimos más miedo sentimos a que nos puedan abandonar. A veces se da el caso de que hemos sufrido algún tipo de abandono, pero quien ha pasado por esa circunstancia no le teme tanto. No obstante, lo más común es tenerle miedo a aquello que no hemos experimentado. Por lo tanto, todos podemos sentir miedo al abandono a pesar de no haber sufrido esa vivencia traumática ya que podemos prever el sufrimiento que implica.
El miedo al abandono como profecía…
La mayoría de las veces, cuando uno construye la profecía de que puede ser abandonado, pone en marcha acciones que le ayuden a prevenir ese futuro, y a menudo, lo que consigue justamente es lo contrario.
Pensemos por ejemplo en una persona con baja autoestima que, ante el temor de ser abandonada por su pareja, le pregunta varias veces al día “¿Tú realmente me quieres?”, “¿nadie te gusta más que yo?”, y le hace prometer que nunca le dejará. Esta persona actuando así, sólo puede provocar fastidio y dudas a la pareja, que constantemente tiene que reasegurarla, entrando en una dinámica agotadora porque no tiene fin. No sólo le demanda atención, sino que además se comporta como alguien que no vale mucho. Y en general quien se comporta como alguien que no vale mucho no nos merece ni nuestra estima ni nuestro aprecio. Dicho de otra manera, actuar así para prevenir que nos dejen, nos aboca al abandono mismo.
¿Cómo superar el miedo el abandono?
Una estrategia útil para superar el miedo el abandono es aprender a estar solo/a, dedicándole tiempo a la autonomía propia. Otra sería dejar de hablar de este tipo de temores.
Creemos que la mejor estrategia para no ser abandonado/a es actuar como si no se temiese serlo, como si se valiese mucho. Es difícil abandonar a alguien que no tiene miedo a que le abandonen, brillante, divertido, con seguridad, que se gusta y con autonomía.
Miguel Herrador
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Elegir la confianza o el arte de confiar en uno mismo y en los demás

En este post hablamos sobre las claves de la confianza en uno mismo y en los demás. Por Miguel Herrador.
Elegir la confianza entraña una elección doble. Ponernos a confiar implica, por lo general, confiar en los demás y en nosotros.
Desde muy pequeños aprendemos a confiar en lo familiar, en lo cercano, en lo conocido. La confianza es lo opuesto al juicio. Son estados excluyentes. En efecto, no podemos confiar en alguien y juzgarlo al mismo tiempo. O confiamos o desconfiamos, pero no hay término medio.
Confiar entraña la unión indisoluble de los demás y nosotros mismos.
¿Por qué es difícil desarrollar la confianza en uno mismo y en los demás?
Generar confianza incluye abrirnos y desnudarnos, algo que da mucho miedo a muchas personas.
Es una epidemia la cantidad de gente que rehúye la confianza. El terrorismo, la pandemia y la crisis mundial no están siendo de gran ayuda. La era tecnológica que estamos viviendo tampoco ayuda mucho que digamos.
Estamos en un mundo que fomenta la desconfianza, la paranoia, los celos, y la competitividad más despiadada.
La confianza genera intimidad y alegría. A todos nos gusta que confíen en nosotros. Y a los demás les gusta enormemente que confiemos en ellos. El cerebro mamífero que todos poseemos elige la socialización.
Sin ella, sin la confianza, nuestra especie habría desaparecido hace ya mucho tiempo. En otro orden de cosas, si confiamos no tenemos que pensar mucho y este hecho nos evitará miles de quebraderos emocionales y nos permitirá ganar mucho tiempo. Cuando elegimos la confianza el mundo se convierte en un lugar seguro.
Estemos donde estemos, haremos confiable y agradable nuestro entorno. La seguridad y la confianza, tanto social como personal, son como se puede apreciar una misma cosa.
Decía J.P. Sartre (1905-1980), que estamos condenados a elegir, que la libertad consiste en poder elegir. Como sumo pontífice del existencialismo, una filosofía un poco radical y en consonancia con una de las peores épocas de la humanidad, Sartre abundaba en el sinsentido de la vida. Todos, según él, estamos abocados a la nada. Pero esto no nos librará de tener que elegir constantemente, sin poder saber de antemano qué nos deparará la existencia. Visto así puede parecernos un panorama desolador, aunque yo creo que tener claro este asunto nos hace libres y algo más artífices de nuestro destino.
La confianza en uno mismo en un contexto de incertidumbre
Sin embargo, en el siglo XXI, yendo más allá de esa filosofía radical, yo diría que el ser humano está condenado a hacer lo que puede o lo que su limitada razón le permite. Estamos continuamente haciendo elecciones, pero nuestra capacidad para saber si acertamos es muy pequeña. De tal modo que no nos podemos librar de elegir sin correr riesgos y sin poder zafarnos de la incertidumbre.
Existe, no obstante, una forma de elegir sorprendente y novedosa, paradójica y contra paradójica, con una lógica que va más allá del existencialismo y de las corrientes psicológicas más en boga. Se trata de elegir un día una cosa y al día siguiente lo contrario. Como se puede apreciar es una buena manera de abarcar la totalidad de la experiencia humana, haciéndola consciente y experimentándola, por un lado, y por otro llevándola más allá de la lógica de causa y efecto.
Correr riesgos es el peaje que tenemos que pagar para adquirir y encontrar la confianza. La vida siempre comporta riesgos. De otra manera sería aburridísima. Enfrentarnos a nuestros miedos, sean sociales (en relación con los demás), u obsesivos y fóbicos (en relación con uno mismo), será siempre la mejor opción. Una persona valiente es un héroe para la sociedad, pero también para él mismo.
Todos construimos nuestra realidad cada día y nuestra forma de construirla es actuando “como sí”. Como decía Paul Watzlawick (1921-2007), actuamos y reaccionamos no directamente sobre la realidad, sino sobre la representación del modelo de la realidad que nos hemos fabricado. Por este motivo, escoger la confianza no es un acto de voluntad, sino una elección deliberada. Es decir, estamos utilizando la estratagema del “como sí”. De hecho, siempre estamos actuando “como si”, tanto cuando creemos que podemos como cuando creemos justo lo contrario. “Actuar como sí” es una de las estratagemas más poderosas que existen para gestionar nuestra realidad y también para construirla.
Ejercicios paradójicos para practicar la confianza
1) Confiar los días pares en los demás y en nosotros mismos. Puesto que es imposible controlar las acciones y pensamientos de los demás, practicar la confianza hará que tengamos un control basado en el aquí y el ahora muy alejado de las preocupaciones y miedos patológicos.
2) Desconfiar en los días impares de todos e incluso de nosotros mismos. Esta práctica suele producir un cortocircuito en nuestra mente provocando la paradoja de aceptarnos. Y al mismo tiempo es de gran ayuda, pues nos aporta una panorámica completa acerca de cómo nos complicamos y amargamos la vida nosotros mismos.
Colocarnos en esta posición de totalidad (confiando y desconfiando), nos proporciona una experiencia desde el “aquí y el ahora”, que nuestro ego y nuestra subjetividad siempre nos están ocultando.
Miguel Herrador
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¿Por qué cuesta tanto decir No?
Hay personas que creen que no saben decir no…
A menudo escucho, “es que no se decir No..”, “Me cuesta mucho decir NO.”
Sin embargo, todos sabemos decir NO. Si nos piden que vayamos a hacer la compra en ropa interior, es casi seguro que diremos No, si nos piden que donemos todos nuestros ahorros para que el hijo del vecino se compre un coche, diremos NO.
Entonces: ¿Por qué nos cuesta tanto decir no, si todos sabemos decirlo?
El adverbio de negación no es el problema. La razón por la cual nos cuesta tanto decir no, es la implicación emocional que tenemos.
Veamos algunos ejemplos de cómo tememos decir que no en lo personal y en lo laboral, y por qué es tan importante aprender a gestionar el miedo a las consecuencias de decir que no.
A nivel personal, tememos decir que no y herir al otro
A nivel personal, lo que tememos es herir al otro, o las consecuencias de decir que no. Por ejemplo, creemos que “si no lo hago soy un mal amigo”, “soy un egoísta si no le ayudo”.
Estos pensamientos suelen ser exagerados. Decir que NO, no te hace mala persona. No se trata de estar por encima, pero tampoco por debajo, es una cuestión de equilibrio.
A nivel laboral, tememos decir que no, y no estar a la altura o perder el trabajo.
A nivel laboral el temor de decir que no suele estar causado por el miedo a no estar a la altura, o el miedo a perder el trabajo. A veces nos hacemos responsables de tareas que no tienen por qué depender de nosotros, o cogemos más faena de la que podemos absorber en nuestra jornada laboral, sobreimplicándonos.
Hemos de valorar y poner límites para no cargar con tareas que puede o debe hacer otra persona o que no tengamos tiempo para hacer.
En realidad, lo que hacemos es temer que nos juzguen los demás poniendo por delante las necesidades de otras personas a las nuestras y esto nos lleva a sentirnos mal con nosotros mismos.
Aprender a decir que no, junto con un psicólogo en terapia
Lo que hacemos en consulta de terapia es enseñar a decir No de una manera asertiva y empática, sin herir los sentimientos del otro, pero valorando los nuestros. El llevar a la práctica este lenguaje no es nada fácil por lo que decía al principio, por la implicación emocional que lleva el NO.
Con una buena estrategia podremos empezar a cambiar nuestra creencia limitante y convertirla en una creencia potenciadora. Y empezar a decir Si desde la libertad de poder decir No.
CTBSB
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¿Cuántas veces dejaste de hacer algo por miedo? Entrevista a Miguel Herrador
Entrevista a Miguel Herrador, especialista en terapia breve estratégica, para el programa Carisma y Confianza con Héctor Latorre.
Durante esta charla conversamos sobre el miedo y sus manifestaciones en las sociedades modernas, principalmente en las relaciones entre hombres y mujeres. El miedo al rechazo, el miedo a no estar a la altura, el miedo a exponernos… ¿Cómo funcionan estos miedos? ¿Por qué son tan frecuentes en la actualidad?, ¿Cómo podemos superarlos?
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